Artículo de José Arribas, director de Parnaso en IPMARK - Parnaso

Artículo de José Arribas, director de Parnaso en IPMARK

Dominar la Historia te faculta para afrontar el presente con entendimiento. Conocer la Mitología te habilita además para hacerlo con fantasía. 

Artículo de José Arribas, director de Parnaso en IPMARK - Parnaso

Rara es la reunión profesional en la que no me pregunta mi interlocutor por el significado del nombre de mi agencia, Parnaso. 

En la mitología griega, Parnaso fue hijo de Poseidón y de la ninfa Cleodora, héroe epónimo de la cadena montañosa que se extiende entre los territorios de Dorios y los Focenses. 

A Parnaso se le atribuye la fundación del Oráculo de Delfos, morada con posterioridad de Apolo y las nueve musas: Calíope, Clío, Erato, Euterpe, Melpómene, Polimnia, Talía, Terpsícore y Urania.

Desde la Grecia Antigua hasta nuestros días, para muchos creativos es reconfortante pensar en la existencia del Parnaso, patria simbólica de peregrinación donde acudir en busca de inspiración. 

Si Parnaso es mi origen mitológico, mi ascendencia histórica se cimienta sobre culturas muy dispares, con valores que admiro y con los que me siento muy identificado. El culto por la belleza del mundo griego, la admiración por el equilibrio de la civilización egipcia, el afán por la vida del pueblo africano, la interioridad de la cultura hindú, el valor de la gratitud de la civilización Maya, la importancia por la independencia de la nación americana y los códigos ético japoneses: respeto, honestidad, integridad, solidaridad, servicio, generosidad, emprendimiento, superación, perseverancia, armonía, unidad, confianza, optimismo y fe.   

En estas breves líneas de torpes y atropelladas palabras, quiero compartir contigo amigo lector como de entre todos los cuerpos de élite de todas las civilizaciones, es el Samurái el que más admiración y empatía me genera. Guerreros que anteponen el honor y que se guían por valores como la justicia, compasión, valor heroico, cortesía, deber y sinceridad absoluta.  

Como profesional de una industria que vive inmersa en una constante batalla y que se rige por términos bélicos (campaña, guerrilla, objetivo, táctica, etc…) intento abstraerme de las luchas endogámicas y del folklore del sector, para poner el foco en alcanzar los objetivos (económicos, reputacionales, financieros, estratégicos, comerciales…) para los que me contratan mis clientes. 

Por más que algún divo publicitario se autoproclame así mismo como esferoide luminoso de plasma que mantiene su forma gracias a su propia gravedad (vamos una estrella), es importante no perder de vista que la verdadera misión que tenemos como profesionales es luchar estratégicamente por incrementar la cuenta de resultado de los anunciantes que nos contratan, así como multiplicar la notoriedad de sus marcas a través de nuestra actividad creativa. 

Soy consciente que la suma de conocimiento, talento y valores no garantiza el éxito, pero quizás si la supervivencia y eso en estos tiempos nuevos, tiempos salvajes es mucho; y más cuando uno ejercer su profesión desde una empresa independiente lejos del circuito clásico de agencias de Madrid y Barcelona.

Que vivimos tiempos convulsos y beligerantes es incuestionable, que nuestros aliados naturales nos someten a constantes e injustas guerras deflacionistas es un hecho, que la huida hacia adelante para la supervivencia está abocando a muchas agencias a juniorizar sus estructuras es una realidad, que la abusiva fórmula concursal se ha impuesto es incontestable, que la industria publicitaria mengua en inversión e importancia es evidente… Sea como fuere, estos tiempos requieren de esfuerzos reales, de ahí la importancia para mí de actuar desde una agencia independiente donde poder tomar tus propias decisiones y ser dueño de ellas.  

Si digno de admiración es la ejemplaridad de un samurái, más lo es la de un Rōnin, ya que éste ejecuta a rajatabla los mismos principios y valores, pero con el hándicap de no tener amo.

Varios son los relatos a lo largo de la Historia que han narrado las aventuras y crónicas de los Rōnin, guerreros samuráis del siglo XVIII que vieron cambiar su destino al no tener señor. (El incivil maestro de ceremonias Kotsuké no Suké de Jorge Luis Borges; los 47 Rōnin de Tamenaga Shunsui o Tales of the old Japan de A. B. Mitford).

Como buena leyenda, la historia de los 47 Rōnin ha sido llevada más de un centenar de veces al cine, siendo la leyenda del samurái, dirigida por Carl Erik Rinsch e interpretada por Keanu Reeves la más famosa.

Amigo lector, como te decía al inicio del texto, conocer la Historia es revelador, por eso no dudes que las nuevas páginas de la historia de la industria publicitaria serán escritas por Rōnin, agencias independientes sin amo. 

Texto: José Arribas León, Director General Creativo de Parnaso

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